Félix Varela

Publicado en por Valeria

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“El Padre Varela, -así se le conoce en la historia de Cuba,- fue uno de los primeros cubanos que supieron honrar a su país. El, como dijo José de la Luz y Caballero, enseñó a pensar a sus paisanos. Antes que él, nadie arrojó luz de verdad y de sabiduría en medio de los prejuicios y errores en que descansaba la sociedad de aquellos tiempos de justicia deshonrada por el interés, de razón ofuscada por el odio, de humanidad avasallada por la tiranía, de progreso vencido por la ignorancia. En la época en que surgió a la vida pública Varela, en que dio comienzo a su apostolado, la ley no toleraba más filosofía que la eclesiástica, ni había más lengua que el latín. En latín escribió primero una serie de proposiciones, y luego el Elenco, y más tarde, la obra que había de ser como la iniciación de formidables combates contra el escolasticismo: sus Instituciones de filosofía ecléctica, para el uso de la juventud estudiosa. Asombro causaron sus doctrinas. Pero nadie le salió al encuentro por lo que pudo continuar desde la cátedra y el libro, difundiendo, sereno y tranquilo, la claridad de su saber y su sentir. El, anticipándose a su tiempo, explicó ante sus discípulos, Física, Química, Botánica, Geografía, de acuerdo, no con el estado de atraso de su pobre patria, sino de conformidad con los pueblos libres y más adelantados del mundo. El produjo con sus ideas una revolución moral e intelectual en Cuba, -precursora acaso de la revolución por la libertad e independencia. En la fundación de un pueblo, tanto hace el que prepara las conciencias para la lucha, como los que luchan y mueren en el campo de batalla. Luego, morir bien, cualquiera sabe. Ser héroe o mártir, es a veces cuestión de circunstancias... “En la Habana nació. Fue su padre, como su abuelo, un militar. Con seis años apenas, lo llevaron a la Florida, entonces posesión española. Allí aprendió las primeras letras y comenzó a mostrar las precocidades de su inteligencia. En la niñez aun volvió a Cuba, e ingresó como alumno interno en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, plantel donde recibieron educación muchos cubanos que luego adquirieron fama. Desde su ingreso en este colegio, hizo gala de su talento, por lo que se ganó el afecto y la admiración de sus profesores. ¿Había oposiciones? Pues suyos eran los premios. Todavía imberbe, ganó, mediante ejercicios, la cátedra de Filosofía, cátedra que el inolvidable Juan José Díaz de Espada y Landa, Obispo diocesano, hombre justo y bueno, le otorgó dispensándole la edad. Anteriormente, había recibido la primera tonsura clerical, y sucesivamente, las órdenes menores y el subdiaconado y el Diaconado, y por último, hablase ordenado Presbítero, fin de su carrera eclesiástica.

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