Rafael María de Mendive

Publicado en por Valeria


En 1864  el  Ayuntamiento de La Habana dio a conocer la intención de fundar  en la ciudad tres colegios de instrucción primaria superior, destinadas a los hijos  "de las clases menesterosas".

 

En noviembre de ese mismo año, un conocido intelectual habanero que andaba terminando la carrera de Derecho, escribiría a la instancia correspondiente,  para solicitar la dirección de unas de esas escuelas, destinada a la enseñanza de varones.Meses más tarde le sería conferido el puesto, a pesar de una inusitada resistencia de  muchas autoridades y maestros españoles que se negaban a darle la plaza de director a un “criollo”, que además era poeta. El futuro maestro-director de la Escuela Superior  de Varones se nombraba Rafael María de Mendive.

Sin embargo, aún no terminarían los problemas. Según recoge Salvador Bueno, el Ayuntamiento demoró los pagos a los maestros, y tanto, que Mendive se vio obligado a organizar un colegio privado bajo su responsabilidad y que llamaría Colegio San Pablo.

Contra muchas dificultades, pronto se llenaría de niños la escuela, en la calle del Prado, en el mismo local de la Escuela Superior de Varones, pero con su propio claustro de profesores; entre sus alumnos predilectos ingresó un  jovencito llamado José Martí, quien fuera luego el Héroe Nacional Cubano. 

Mendive había recorrido en ese entonces un camino dentro de la literatura, el cual había iniciado cuando estudiaba en el Real Colegio de San Carlos y luego en la Universidad de La Habana,  en la facultad de Leyes.

De esa época datan sus primeros poemas, que publicaría curiosamente en la prensa del interior del país, como El Correo de Trinidad. ¿Por qué?, Sencillamente, aducen algunos, porque  “quería escapar de la rigurosa crítica de los conocedores de la capital”, pero igualmente cierto es que  El Faro Industrial, publicación habanera,  reproduciría algunos de estos poemas, con reseña favorable del  prestigioso critico Antonio Bachiller y Morales.

Desde 1847, cuando apareció su primer libro Pasionarias,  Mendive  entraría en el parnasso criollo de las letras: “Es un cantor sumamente tierno” ―diría entonces Gertrudis Gómez de Avellaneda―, “cuya alma noble y apasionada se transparenta siempre en sus versos”.

En esas lides viaja a Europa en 1848, vía Nueva York, donde conoce a Varela,y a su regreso a Cuba funda la Revista de La Habana, una de las más importantes aparecidas en la época, y a la que dedicaría sus mejores esfuerzos. Mas seguirían siendo los versos, sus pasiones más fuertes.

Aparecía el volumen Cuatro Laúdes junto a composiciones de Zambrana, Roldán y otros en momentos  en que para algunos la poesía de Mendive era una señal anunciadora de un grupo de románticos cubanos: la balada nocturna "La Gota de Rocío" recogida en “Cuatro Laudes”,  es uno de los ejemplos más significativos de esa etapa.                       

Y, sin embargo, sus años dedicados a  la enseñanza, quizás sean los más valorados en Mendive, en tiempos en que aquel “adolescente espigado, de frágil constitución, de oscura mirada suave”, de apellido Martí, ingresaba en el centro.

Fueron indiscutiblemente años fértiles, hasta que luego de los sucesos de Villanueva,  Mendive fuera apresado y deportado a España.

Entonces escribiría un amigo al verlo partir entre un grupo de prisioneros:“Ocupando el centro venía un hombre de distinguidísima apariencia, fino porte, modales exquisitos, rostro hermoso, v cabellos prematuramente encanecidos, mirada clara y dulce en que resplandecían al mismo tiempo la inteligencia y la bondad”.

En tierra ibérica pudo contactar y participar con la intelectualidad española. De regreso a Cuba, vivió un tiempo en Bahamas, donde pasó días “de los más desgraciados y amargos de su existencia”.

 Escribiría entonces su poema “El valle de lágrimas”, e incluso se rumoró que había perdido la razón.

Ya en su Isla, radicado en Matanzas, dirige un periódico, El Diario Liberal, en medio de tristezas personales y la  frustración por el Pacto del Zanjón.

Mendive es, en la época, un  hombre mayor que sostiene trabajos como director de escuela y abogado de un bufete, que intenta  hacer nuevas ediciones de su poesía, y escribe poco.

El poeta y formador de generaciones,  enfermo grave, muere en La Habana el 24 de noviembre de 1886. 

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