Vivos aunque hayan muerto

Publicado en por Valeria

Hoy día el mundo cree, que las figuras importantes son aquellas que han dejado de existir, sin embargo las vivas son el reflejo de las que por motivos de justicia o tal vez por deseos de ser libres, han muerto. Recordar a Antonio Maceo, Máximo Gómez, Ignacio Agramonte nos hace remontarnos en nuestro pasado, que por decirlo de alguna manera; para muchos que aun viven; fueron oscuros. Una persona no se mide por haber muerto sino por lo que dejó antes de marcharse. Antonio Maceo es una figura que a pesar de los años transcurridos siempre será digno de recordar, y cada vez que llega al mundo una nueva semillita, ya nace con la intuición de quienes son los responsables de que no nazca bajo una bala perdida, o un machete mal orientado. Nuestra historia es irremplazable; lo que hace que nuestra revolución sea irreversible. Nuestros héroes caídos en el campo de batalla no han sido eximidos de nuestras memorias, son el fruto y el ejemplo del cual se alimenta nuestra juventud cubana, son los pasos que todo joven quiere seguir; pues si con 12 hombres se lograron muchos de los objetivos que se perseguían, con un aguerrido ejército decidido a luchar se pueden vencer muchas de las expectativas que hoy persigue la revolución. Aun nos quedan vivos ejemplos de lo ocurrido hace 59 años, contamos con la presencia firme; aunque desgastada por el sudor de los años, de Fidel y Raúl ejemplos imperecederos de firmeza y valentía.

Todo aquel que ha luchado por hacer justicia, porque perdure la razón sobre todas las cosas, hoy son dignos y merecedores de ser honrados, no porque hayan muerto sino por su capacidad y convicción de ideas. Aunque hoy estas figuras históricas por llamarlas de alguna manera no se encuentren junto a la patria, nos queda al máximo ejemplar; Fidel que ha vivido los momentos más difíciles por los cuales ha pasado la revolución cubana; desde la Sierra Maestra, hasta que entró el 8 de enero triunfante a La Habana. Saben por qué esos personajes hoy son dignos de admirar; porque nunca sintieron conformidad con el trabajo que hacían, nunca sintieron que eran los más capaces en el cargo que desempeñaban, porque el poder de sentirse incapaces era lo que cada día los ayudaba a ser mejores. Aquellos que se conforman con lo que hacen y no sean capaces de aportar a esta revolución, solo se le podrá caracterizar de mediocres sin argumentos, y ese es el nombre que ninguno de ellos podrá llevar jamás; lucharon porque perdurara la confianza en la revolución, creyeron que se podía y se pudo. Nunca cayeron y agacharon su cabeza ante lo que podía ser causa de su existencia, significaba mucho más alcanzar la victoria que ver su propia sangre derramarse; como si fuera agua de manantial. Recordar; y más que recordar seguir el ejemplo de los caídos hará que revivan en nuestros corazones. Sería cobarde perder un segundo en la vida, pero sería revolucionario perder la vida en un segundo si se muere con la conciencia limpia de que hizo algo por la patria; que tanto lo necesita. Estos son nuestros héroes.

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