Entrevista a General de División Antonio Enrique Lussón Batlle

Publicado en por Valeria


Ocho Leones Feroces
Al ser humano hay que tratarlo para saber cuánto puede haber de calidad en él. A veces se es injusto cuando se califica a alguien sin realmente conocerlo. Eso le puede haber ocurrido a algunas personas con el General de División Antonio Enrique Lussón Batlle, Héroe de la República de Cuba. De carácter fuerte, al igual que su padre, jamás le han interesado las posiciones. Siempre se ha considerado como un medio básico de la Revolución. Todos los cargos los ha desempeñado con entusiasmo, seriedad, modestia, pero sobre todo con mucha honestidad. En muchas ocasiones había conversado con Lussón. Sinceramente, lo vine a conocer en esta entrevista, cuando al escarbar en su crudeza, me encontré con un hombre extremadamente emotivo y con profunda sensibilidad.

LUIS BÁEZ
—¿De dónde es usted? —Soy oriental. Nací el 5 de febrero de 1930, en Santiago de Cuba, en las calles Martí y Moncada. En el capitalismo le decían Moscú como símbolo de lo peor. En aquellos años se acostumbraba a inscribir a los hijos en pueblitos cercanos y mis padres me asentaron en El Cristo. Mi papá Antonio Lussón Laforcade, era de Alto Songo, de origen campesino. Mi madre, Aurora Batlle Escrich, era santiaguera, de familia humilde, única hija, estudió piano pero al casarse lo dejó en el séptimo año. De ese matrimonio nacimos diez hijos; seis hembras y cuatro varones. Soy el mayor. El viejo, a los veintidós años, heredó de su padre de crianza la finca María Manuela en el municipio Songo-La Maya, en un lugar conocido por Dulce Nombre, entre La Prueba, La Victoria y San Benito.
¿En qué momento se alzó?
—El 9 de abril de 1958, con René Ramos Latour (Daniel). Me alcé con las milicias de Santiago de Cuba con los grados de Sargento. Formé parte del grupo que posteriormente sería la matriz de la Columna 9 José Tey dirigida por el Comandante Belarmino Castilla (Aníbal). Participé en el ataque al cuartel de Boniato. Al terminar esa acción, me ascendieron a Teniente. Posteriormente atacamos a Ramón de las Yaguas. Finalizado el combate, me ascendieron a Capitán. Ya estábamos preparados para atacar El Cristo, cuando recibimos un mensaje de Raúl Castro, 3 de mayo, en que nos mandaba a buscar a su Comandancia, situada en esos momentos en El Aguacate. —¿Cómo fue el encuentro con Raúl? —Emocionante. Aníbal le informó sobre el estado de la Columna. En el campamento nos llevamos la grata sorpresa de encontrarnos también con René Ramos Latour, que había ido a informarle a Raúl que pasaba a la Sierra Maestra por órdenes de Fidel.
Allí Raúl me ratificó los grados de Capitán y se determinó convertir los tres pelotones que tenía la Columna 19 en tres compañías, asignándole una zona para operar a cada una.
—Usted, ¿para qué zona fue? —Para Calabazas de Sagua. Fui designado jefe de la Compañía A Orlando Regalado y operaría en la zona de Calabazas-Sierra Cristal. A fines del mes de mayo participo en el combate de La Zanja.
—¿Qué importancia tuvo ese combate? —Mucha. Tuvimos información de que el ejército se movería por la carretera Mayarí-Sagua con la intención de subir desde Cabonico rumbo a La Zanja para continuar a Calabazas, Bayate y unirse con fuerzas que, por el sur, desde Guantánamo, intentaban llegar a Bayate y destruir la Comandancia del II Frente. Me dieron instrucciones de tomar todas las medidas para evitar que penetraran por El Jobo. Nos emboscamos en la loma de La Vigía y posteriormente nos trasladamos hacia La Zanja, donde el terreno ofrecía mejores condiciones para combatir. En La Vigía dejamos doce hombres. Ya en La Zanja había ubicados unos cuarenta rebeldes distribuidos por diferentes lugares. Me situé al suroeste, al lado derecho del camino. Como armamento tenía un fusil ametrallador Browning. En el combate, las fuerzas rebeldes le ocasionamos al ejército dos muertos y dieciocho heridos. Pudimos detener el avance de los guardias. A propuesta del Jefe de la Columna 9, el Jefe del Segundo Frente otorgó por esa acción, la Orden Legión de Honor Frank País al hoy General de Brigada Francisco González y a mí.
—¿Cuándo se creó la Columna 17? —El 3 de agosto de 1958. Me nombraron Jefe de la Columna 17, que llevaría el nombre de Abel Santamaría. También me ascendieron a Comandante. Ambas distinciones constituyeron para mí una total sorpresa. A la Columna se le designó para operar en los municipios de Alto Songo, San Luis y algunos barrios de Mayarí, Palma Soriano y Mayarí Arriba, donde, en el mes de agosto, se había instalado la Comandancia del II Frente con su Jefe.

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